Dwarf Fortress

Videojuegos. Haber sido púber en los 90 significa automáticamente que los videojuegos formaron parte importante de tu infancia. Ya sea que ocupen el 90% de la influencia mediática almacenado en tu subconsciente o que tal vez fuiste la victima rechazada que jamás pudo tener una consola en su casa y siempre dependió de amigos para alimentar su natural adicción, los videojuegos son fascinantes porque son la máxima expresión de los medios audiovisuales de la era de las comunicaciones: Estimulan los sentidos al punto de a veces causar epilepsia en algunos desafortunados (jugos como por ejemplo Star Fox para Super Nintendo, lleno de luces, colores saturados y sonidos sintetizados agudos fue probablemente un experimento para probar los limites de estimulo neuronal a los que los consumidores podían ser expuestos). Nada de libros, ni de radio, ni siquiera de televisión, a veces una consola podía significar tu vida (alguna vez tuve un periodo así también).

 

Pero por suerte los 90 fueron años llenos de estímulos de los más diversos tipos. Tanto en los libros como en radio como en televisión había importantes fuentes de cultura predigerida para nuestras mentes en formación; Juegos de rol, Tolkien, Warcraft, mitología europea, al punto en que ser un nerd en los 90 de alguna forma podía implicar ser culto (tal vez en los 80 las cosas eran aún muy abstractas).

 

Dwarf Fortres es un juego diseñado para ese perfil de jugador, aquel que es exigente en cuanto al desafío intelectual que este representa. Los juegos en esa línea son varios, de hecho son varios los géneros de juegos de video intelectualmente complejos: RPGs, Aventuras Gráficas, juegos de estrategia… y son muchos los buenos ejemplos dentro de cada género también. Me gustaría describir a Dwarf Fortress como una mezcla entre Sims, Sim City, La Batalla por la Tierra Media (LotR) y Medieval Total war… y eso en su estado actual, que es alfa, eso significa que aún está en desarrollo… y no hay que olvidar que el plan de desarrollo está trazado (y a su vez en desarrollo), y que el estado de avance actual creo que no significa ni un 30% del total del plan de desarrollo del juego.

 

Según yo lo he experimentado Dwarf Fortress es una idea compleja de asimilar. Sobre todo cuando a esta larga lista de características sin duda alguna muy interesantes sumamos el hecho de que está hecho sobre ASCII, lo cual implica que sencillamente no tiene gráficos.

 

Son todos letras, cada cosa está representada por una letrita, el nivel de abstracción requerido para asimilar esa sola idea es ya bastante alto si lo comparamos con el nivel requerido para dispararle a un enemigo en Unreal Tournament.

 

En Dwarf Fortress tu objetivo es convertirte en enano. Asimilar la cosmovisión mítica nórdica y encarnar uno (o más) de estos simpáticos personajes, que hasta ahora para muchos no eran más que rechonchos, peludos y mal olientes vikingos-miniatura, adictos al alcohol y amigos de las montañas, el magma, la roca… bueno, se entiende.

 

La propuesta narrativa implícita en cada rincón del juego es algo (para mí al menos) sin precedentes. En Dwarf Fortress para poder jugar necesitas primero generar un mundo. EL juego viene, por supuesto, con un generador, que en ningún caso creará dos veces el mismo mundo. Este mundo tiene variables geográficas: clima, estaciones del año, distintos tipos de superficies (arenas, piedras) también tiene vegetación, fauna, civilizaciones, leyendas, criaturas legendarias (que han pasado a ser leyenda después de un par de tiradas de dado del generador), y montones de excusas para comenzar la trama de una novela épica.

 

Una vez el simulador te ha dado tu propia Tierra Media, puedes decidir como encarnar en este nuevo mundo: en modo Aventura o en modo Fortaleza, siendo el primero más parecido a un RPG (rougelike) y el segundo una mezcla complejísima de todos los juegos citados anteriormente. Al emprender la titánica tarea de instalar un campamento enano, todo lo que suceda será parte de la historia de tu mundo, y tu paso por la historia quedará grabado para el resto de la vida en tu propia tierra media. Las fortalezas perdidas en batalla pasarán a ser ruinas que luego podrás visitar como un aventurero, o incluso tratar de reclamar con un nuevo grupo de enanos (de hecho el lema del juego es “losing is fun”).

 

Una vez que embarcas en algún lugar elegido por ti dentro del mapa, lo primero es lo desconcertante de los controles: nada es evidente, ni intuitivo. Incluso averiguar para qué sirve cada comando es en sí una tarea que requiere dedicación; Dwarf Fortres es un programa muy complejo. Pero no se preocupen, que para facilitar esta tarea tenemos un dedicado equipo de… nerds que probablemente carecen de vida social y que estudian alguna ingeniería… encargados de actualizar el Dwarf Fortress Wiki… una enciclopedia gigante llena de los más variados artículos relativos al juego (por desgracia privada para los no-bilingües). Es esta la única fuente de información que me ha permitido no rendirme tratando de entender los controles. Pero hasta ahí llegan los aspectos negativos del juego, porque todo lo demás es magia: Cada uno de tus enanos tiene preferencias, por cosas, por tipos de gente, tienen estados de ánimo, perfil sicológico, vínculos sociales y afectivos, y para qué hablar del inventiaro, a través de el cual puedes enterarte de la talla, el material y la calidad de los calzoncillos que lleva puestos. En fin…

 

Poner a estos simpáticos enanos a hacer lo suyo es algo que le recomiendo experimentar a cualquiera interesado por los videojuegos complicados, y también de paso se lo recomiendo a los antropólogos y amantes de la literatura de fantasía.

 

Les dejo una entrevista a los autores (en inglés), una página del Dwarf Fortress Wiki (donde podrán ver decepcionantes screenshots del juego), y, por supuesto, la pagina del juego para que se lo bajen y le echen una (probablemente poco satisfactoria) probadita.

 

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